En un Puesto de Trabajo, ¿Lo que No Se Sabe Se Aprende?

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En un Puesto de Trabajo, ¿Lo que No Se Sabe Se Aprende?


Seguro que alguna vez os habéis planteado esta pregunta: "¿En un empleo, lo que no se sabe se puede aprender?". Es un tema que nos hace reflexionar, porque, aunque todos hablamos de la importancia de aprender constantemente, también sabemos que muchas empresas buscan personas con experiencia y conocimientos listos para dar resultados desde el primer día. Entonces, ¿es realmente posible aprenderlo todo en un empleo o hay límites?

Trabajar y aprender suelen ir de la mano. En la actualidad, las cosas cambian a un ritmo tan rápido que no nos queda más remedio que adaptarnos. Independientemente del sector en el que nos encontremos, siempre aparece una nueva herramienta, un nuevo enfoque o una nueva tecnología que nos obliga a evolucionar. Esto hace que aprender en el trabajo no sea solo una ventaja, sino casi una necesidad para no quedarnos atrás. Por eso es necesario aplicar lo que aprendemos al instante, adaptarnos mejor a los cambios y crecer tanto personal como profesionalmente. Sin embargo, aunque en la teoría suene ideal, sabemos que no siempre es tan sencillo en la práctica.

La realidad es que no todo se puede aprender sobre la marcha. Existen habilidades o conocimientos que requieren tiempo, experiencia e incluso una base previa para desarrollarse correctamente. La experiencia previa, por ejemplo, puede marcar una gran diferencia: alguien que ya tiene ciertas competencias adquiridas tendrá menos dificultades para adaptarse a nuevas herramientas o procesos. Por otro lado, también es cierto que no siempre estamos en el mismo momento vital; hay épocas en las que estamos más receptivos al aprendizaje y otras en las que priorizamos estabilidad y comodidad. Tampoco podemos olvidar el impacto que tiene la tecnología, como por ejemplo, la inteligencia artificial, que a veces nos facilita tanto las cosas que parece que ya no necesitamos aprender tanto, aunque eso mismo nos obliga a dominar nuevas formas de trabajo.

En este contexto, en el mercado laboral existen diferentes desafíos. Aunque a todos nos gusta decir que se valora la capacidad de aprender, la realidad es que en muchas empresas priorizan contratar a personas con experiencia, listas para rendir desde el primer día. Esto plantea una gran contradicción: hablamos mucho de la importancia del aprendizaje continuo, pero en la práctica no siempre se le da espacio. Aquí es donde las empresas tienen un papel clave, donde pueden marcar la diferencia fomentando una cultura de aprendizaje. La creación de programas de formación, valorar habilidades transferibles y fomentar el apoyo entre compañeros son solo algunos de los pasos que podrían dar para ayudar a su equipo a crecer. Al mismo tiempo, nosotros, como profesionales, también debemos poner de nuestra parte. Nunca deberíamos dejar de ser curiosos, estar abiertos a salir de nuestra zona de confort y valorar no solo lo que ya sabemos, sino también lo que podemos llegar a aprender.

En definitiva, creemos, en cierto modo, que lo que no se sabe se puede aprender en un empleo, siempre y cuando exista un equilibrio entre las oportunidades que ofrece la empresa y la disposición personal para aprender. Pero no siempre es tan sencillo: la experiencia previa, las expectativas laborales y el contexto también influyen en lo que podemos llegar a desarrollar.

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